La luz del esfuerzo de dos jóvenes invidentes en la San Marcos
- Fabiana Valiente
- 7 may 2025
- 2 min de lectura
Actualizado: 27 may 2025
En el reciente examen de admisión a la UNMSM, entre miles de estudiantes, dos jóvenes con discapacidad visual consiguieron el primer puesto en sus carreras correspondientes: Lenguas, Traducción e Interpretación, y Educación Primaria.

El amanecer del conocimiento tiene rostros que iluminan más allá de lo visible. En medio del bullicio habitual del examen de admisión a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, dos historias emergieron con una fuerza que conmovió al país. Jazmín Fernández y Stephanie Samaniego, ambas de 17 años, invidentes, no solo lograron vencer el desafío académico más competitivo del Perú, sino que lo hicieron alcanzando el primer lugar en sus respectivas carreras: Lenguas, Traducción e Interpretación, y Educación Primaria.
No fue un camino fácil. Tampoco corto. Ambas se prepararon bajo la modalidad de Ingreso Extraordinario I para personas con discapacidad, enfrentando no solo el rigor académico, sino también las barreras invisibles que muchas veces excluyen sin querer. Sin embargo, sus puntajes hablaron por ellas: 915,75 puntos para Jazmín; 636 para Stephanie. Triunfos que hoy marcan un hito en la educación inclusiva del país.
La historia de estas jóvenes no es de milagros, sino de esfuerzo constante. Se prepararon con el apoyo del proyecto Lingua Universalis, liderado por Abigail Terán, y reforzaron sus conocimientos en la Academia Saco Oliveros, donde encontraron no solo docentes preparados, sino también contención emocional y apoyo personalizado.

“Los nervios estuvieron presentes, pero todo lo aprendido en las charlas me ayudó mucho”, comentó Jazmín, con la serenidad de quien aprendió a vencer sus miedos. Stephanie, por su parte, destaca el acompañamiento diario: “La academia me ayudó bastante. Aprendí nuevas cosas y me sentí respaldada todo el tiempo”.
En este camino de logros, hay también un reconocimiento silencioso a quienes caminaron a su lado: sus madres. Sonia Sulca, madre de Jazmín, cuenta que el apoyo fue constante. “Siempre estuve allí, buscándole métodos para entender mejor los cursos. Fue un trabajo de equipo”. Del otro lado, Victoria Naveros, madre de Stephanie, recuerda largas horas de lectura, simulacros y noches de repaso. “Ella dedicaba todo el día al estudio. Nosotros la ayudamos leyendo, acompañándola, siempre”.

Aunque la UNMSM ha dado pasos importantes hacia una educación inclusiva, aún hay camino por recorrer. Así lo señaló Abigail Terán, quien también vivió las dificultades del sistema. “Cuando postulé en 2016, todo era muy limitado. Hoy se ha avanzado, pero se necesita más: procesos extraordinarios dos veces al año, más tiempo en los exámenes y la eliminación de ejercicios con figuras visuales que excluyen sin intención”.
Mientras tanto, Jazmín y Stephanie se alistan para comenzar sus estudios universitarios. En un campus donde miles buscan destacar, ellas ya han dejado huella. Una huella que no se mide en vista, sino en visión.

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